Todos estamos al tanto del problema del narcotráfico en México, los que vivimos aquí y los que no viven aquí pero leen las noticias que día tras día aparecen en la prensa internacional. Los analistas se preguntan: "¿es México un Estado fallido?" o "¿cómo puede el gobierno mexicano combatir un problema tan difícil?".
Este es el tema que trata el último Geopolitical Weekly de Stratfor. Sin embargo, el informe invierte los términos y reflexiona sobre las causas profundas del problema. El origen del narcotráfico en México se encuentra en la gran demanda de este tipo de productos que existe en Estados Unidos. Esto ha propiciado que México se convierta en uno de los mayores productores, procesadores y exportadores de droga del mundo. Una droga que, al ser ilegal, tiene un precio determinado no por el coste de producción si no por su condición de ilegalidad.
Aquellas organizaciones que controlen la cadena de suministro desde los campos hasta las instalaciones de procesamiento y, sobre todo, su distribución en Estados Unidos obtendrán importantes beneficios económicos. Estas organizaciones son los denominados cárteles y se han constituido en feroces competidores por el control de la producción y de los canales de distribución de la droga.
Cuando existe competencia económica las empresas disminuyen los precios de sus productos y aumentan la calidad de los mismos. Sin embargo, en el caso del negocio de la droga, las estrategias de los cárteles se basan en la apropiación por la fuerza de las cadenas de suministro de los competidores. El resultado de esta estrategia es la situación de guerra abierta que se está viviendo en el norte de la República mexicana. Sin embargo, y esta es la tesis fundamental del documento, esta guerra abierta en la frontera no tiene porque amenazar el interés nacional de México.
En efecto, el contrabando de drogas reporta unos ingresos a México de unos 40.000 millones de dólares. Teniendo en cuenta que los márgenes de este tipo de comercio se sitúan alrededor del 80%, las ganancias de este negocio serían de unos 32.000 millones de dólares. Estos ingresos significan un flujo de liquidez muy importante en tiempos de recesión económica. Una gran parte de este dinero, ya blanqueado, permanece en México invertido en empresas e instituciones financieras legítimas.
Para que el gobierno mexicano se decida a cortar este flujo de dinero, la violencia del narco se tendría que extender geográficamente mucho más. Esto hace que su actuación no sea la más enérgica y deja a Estados Unidos con un problema estratégico importante. Las soluciones para el vecino del norte se resumen en mantener el statu quo, legalizar el consumo de drogas o una hipotética intervención.
Lo interesante del planteamiento de Stratfor es la exposición de la racionalidad detrás del negocio de la droga y de la renuencia del gobierno mexicano a actuar más vehementemente en contra del mismo. Muchas veces pensar en términos de interés nacional puede ser incómodo pero esclarecedor. La moralidad de los Estados no es la misma que la moralidad de los individuos. La pregunta que subyace es: ¿debería ser la misma?.
Este es el tema que trata el último Geopolitical Weekly de Stratfor. Sin embargo, el informe invierte los términos y reflexiona sobre las causas profundas del problema. El origen del narcotráfico en México se encuentra en la gran demanda de este tipo de productos que existe en Estados Unidos. Esto ha propiciado que México se convierta en uno de los mayores productores, procesadores y exportadores de droga del mundo. Una droga que, al ser ilegal, tiene un precio determinado no por el coste de producción si no por su condición de ilegalidad.
Aquellas organizaciones que controlen la cadena de suministro desde los campos hasta las instalaciones de procesamiento y, sobre todo, su distribución en Estados Unidos obtendrán importantes beneficios económicos. Estas organizaciones son los denominados cárteles y se han constituido en feroces competidores por el control de la producción y de los canales de distribución de la droga.
Cuando existe competencia económica las empresas disminuyen los precios de sus productos y aumentan la calidad de los mismos. Sin embargo, en el caso del negocio de la droga, las estrategias de los cárteles se basan en la apropiación por la fuerza de las cadenas de suministro de los competidores. El resultado de esta estrategia es la situación de guerra abierta que se está viviendo en el norte de la República mexicana. Sin embargo, y esta es la tesis fundamental del documento, esta guerra abierta en la frontera no tiene porque amenazar el interés nacional de México.
En efecto, el contrabando de drogas reporta unos ingresos a México de unos 40.000 millones de dólares. Teniendo en cuenta que los márgenes de este tipo de comercio se sitúan alrededor del 80%, las ganancias de este negocio serían de unos 32.000 millones de dólares. Estos ingresos significan un flujo de liquidez muy importante en tiempos de recesión económica. Una gran parte de este dinero, ya blanqueado, permanece en México invertido en empresas e instituciones financieras legítimas.
Para que el gobierno mexicano se decida a cortar este flujo de dinero, la violencia del narco se tendría que extender geográficamente mucho más. Esto hace que su actuación no sea la más enérgica y deja a Estados Unidos con un problema estratégico importante. Las soluciones para el vecino del norte se resumen en mantener el statu quo, legalizar el consumo de drogas o una hipotética intervención.
Lo interesante del planteamiento de Stratfor es la exposición de la racionalidad detrás del negocio de la droga y de la renuencia del gobierno mexicano a actuar más vehementemente en contra del mismo. Muchas veces pensar en términos de interés nacional puede ser incómodo pero esclarecedor. La moralidad de los Estados no es la misma que la moralidad de los individuos. La pregunta que subyace es: ¿debería ser la misma?.
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